INTOXICACIONES ALIMENTARIAS EN NIÑOS

¡Buenos días amig@s!

Por todos es sabido que junto con los ancianos, los niños constituyen un grupo de riesgo en las enfermedades de transmisión alimentaria. Las bacterias (principalmente), las toxinas, los parásitos y los virus son los responsables de que un alimento esté en mal estado y por tanto los culpables de que aparezcan los síntomas en nuestros pequeños.

Los síntomas más comunes de una intoxicación alimentaria en niños son los mismos que que en adultos:  náuseas, dolor abdominal, vómito, diarrea, sudoración y palidez, fiebre, dolor de cabeza y debilidad. Los síntomas se manifiestan desde 2 hasta 48 horas después de haber comido algo en mal estado.  Si la intoxicación es leve, remitirá por sí sola poco a poco. En el caso de los más pequeños hay que prestar especial atención a la deshidratación: deteniendo los vómitos o diarreas en los casos más graves, acudiendo siempre al médico para realizar cualquier tratamiento.

Las medidas preventivas para evitar la aparición de intoxicaciones en niños son las mismas que para evitar cualquier tipo de enfermedad de transmisión alimentaria, si bien es cierto, que es importante prestar especial atención a las preparaciones de los peques de la casa…ya que como hemos dicho son más propensos:

  1. Hay que lavarse las manos antes de manipular cualquier alimento y durante la manipulación de alimentos diferentes, evitando contaminaciones cruzadas.
  2. Los cubiertos y utensilios que se vayan a utilizar para elaborar la comida deben estar especialmente limpios y desinfectados: lo ideal es pasarlos por máquina lavavajillas que garantiza una adecuada desinfección térmica (los bichillos que pudiera haber son eliminados por las elevadas temperaturas que se alcanzan en los aclarados de estas máquinas).
  3. Los trapos de la cocina portan muchas bacterias (son útiles que actúan como vehículos de microorganismos), por ello hay que lavarlos con frecuencia, aunque lo mejor es usar papel de cocina desechable para estos fines.
  4. Hay que vigilar que las temperaturas de los equipos de frío (frigorífico y congelador) son las adecuadas: el frigorífico debe situarse por debajo de los 4ºC y el congelador por debajo de los -18ºC.
  5. Nunca se deben congelar los alimentos una vez descongelados.
  6. Se debe prestar especial atención a la manipulación de los huevos (recordad que la Salmonella se sitúa en la cáscara) y otros alimentos con probabilidad de estar altamente contaminados (frutas y verduras sin desinfectar, por ejemplo).

 

Como veis son medidas que caen “de cajón” pero que en caso de realizar elaboración para niños debemos de tener especialmente en cuenta.

¡Recordad que “Juntos alimentamos la seguridad”!

NUEVAS REGLAS DE SEGURIDAD ALIMENTARIA (EN EEUU)

¡Buenos días amig@s!

El gobierno de Estados Unidos emitió el viernes 13 de noviembre un conjunto de  nuevas reglas de seguridad para impedir brotes masivos de intoxicación alimentaria. Los Centros para Control y Prevención de las Enfermedades de este país calculan que 48 millones de personas —1 de cada 6 en Estados Unidos— enferman cada año por intoxicaciones alimentarias, con un total de 3,000 muertes.

Estas reglas aparecen enfocadas a la supervisión de la producción de las granjas: asegurarse de que los trabajadores sean instruidos en mejores prácticas de salud e higiene, que se examine el agua de riego a fin de impedir bacterias perjudiciales e impedir que los animales silvestres defequen en los campos de cultivo…

En general, la mayoría de los agricultores y procesadores de alimentos siguen prácticas de seguridad adecuadas, pero las reglas buscan hacer énfasis en la prevención, ya que en los últimos años esta producción primaria ha aparecido vinculada a la aparición de numerosos brotes en la ultima década: espinacas, melones, pepinos y otros alimentos contaminados.

Estas nuevas reglas confieren mayor autoridad a la FDA (Food and Drug Administration). La FDA propuso ya estas reglas sobre los vegetales en 2013, pero las reescribió el año pasado después que algunos agricultores alzarán la voz comentando que serían demasiado costosas. Las reglas requieren que los agricultores examinen la calidad del agua de irrigación, entrenen a En comparación con las reglas propuestas inicialmente, las actuales por ejemplo, requieren medidas menos exigentes para la calidad del agua de irrigación y reduce la frecuencia de los exámenes (menor desembolsos económico para el agricultor en lo que analíticas de agua se refiere).

La industria orgánica manifestó preocupaciones por las reglas, especialmente debido a que muchos agricultores orgánicos utilizan estiércol como fertilizante y tratan el agua de irrigación con menos sustancias químicas.

En general las medidas se hacían necesarias ya que el gobierno de EEUU está promoviendo cada vez más una alimentación saludable, enfocada al consumo de frutas y verduras (recordad lo comentado  la semana pasada de prohibición de grasas trans en la fabricación de alimentos en este país).

¡Recordad que “Juntos alimentamos la seguridad”!

GRASAS TRANS EN ALIMENTOS

¡Buenos días amig@s!

¿Sabíais que en menos de tres años –en 2018– expira el plazo que ha dado la agencia de Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) en Estados Unidos para eliminar por completo las grasas trans de sus alimentos? Pues sí, en junio de este año, la FDA prohibía este tipo de compuestos al ser declaradas una amenaza para la salud pública. Según estudios, su paulatina expulsión del plato y de los fogones evitaría 20.000 ataques de corazón y 7.000 muertes al año en este país. También “se comenta, se rumorea….” que sin trans, los niveles de colesterol empezarían a restaurarse en dos o tres semanas..

Pero, ¿qué son estas famosas grasas trans? En  1902 en que el químico alemán Wilhelm Normann comprobó que, añadiendo hidrógeno a los aceites vegetales, la reacción química hacía que se solidificaran, algo que resultaría magnífico para dar consistencia a los alimentos. Pero el gatillo lo apretó una portada de la revista Time en 1961, que presentó los aceites parcialmente hidrogenados como alternativa sana, barata y accesible frente a las grasas animales, que por aquella época empezaban a tener muy mala prensa: eran caras y su vida útil muy breve. La solidificación de aceites vegetales permitía, sin embargo, almacenamiento largo y eran baratos. En la década de 1980 se publicitaron como la opción más saludable frente a las grasas saturadas. Hubo empresas que se apresuraron a aprovechar sus recién anunciadas excelencias y nacieron combinados de aceites hidrogenados y parcialmente hidrogenados que sugerían un nuevo modo de cocinar en todo el mundo. Aunque estas mismas compañías enseguida rebajaron la carga trans de sus productos y hoy están libres de estos aceites, las grasas trans se hicieron omnipresentes. En las frituras, la bollería industrial, las patatas fritas de bolsa y congeladas, las pizzas, las hamburguesas, los cereales y las palomitas.

Inicialmente las grasas y aceites de origen vegetal se consideraron mejores que los de procedencia animal, pero con el tiempo se ha ido demostrando su peligrosidad. Cuando una persona las ingiere, las grasas trans son absorbidas rápidamente en el tracto gastrointestinal y su efecto perjudicial se traslada a los diferentes tejidos: aumentan los niveles en sangre del colesterol malo (más conocido como colesterol LDL) y triglicéridos, y hacne caer en picado los niveles en sangre del colesterol bueno (colesterol HDL) de la misma manera que incrementan la necesidad de ácidos grasos esenciales. Los efectos del elevado consumo de estas grasas, se agrupan en un síndrome que viven cada vez más personas en el primer mundo: el síndrome metabólico, que consiste en sobrepeso, resistencia a la insulina (diabetes mellitus-II), elevación de moléculas proinflamatorias, desequilibrio en el estado oxidativo sistémico, hipertensión y aterosclerosis acelerada. Y no solo la salud cardiovascular se ve afectada por este tipo de grasas. En los últimos años se han asociado con la génesis del alzhéimer y otras enfermedades que deterioran el estado cognitivo.

 

La FDA permite incluir hasta 0,5 gramos de grasas trans por ración y mantener la denominación 0 en su información nutricional. Pero, según un estudio publicado por British Medical Journal, la ingesta de cinco gramos diarios es suficiente para incrementar un 25% el riesgo de enfermedad cardiovascular.
En España no existe una legislación específica que mencione su uso en la industria alimentaria. Solamente existe una directiva que limita la cantidad de ácidos grasos para lactantes y leches de continuación, que establece que la cantidad de ácidos grasos trans no puede ser superior al 3% del contenido total de materia grasa del producto. Dinamarca, Austria, Suiza e Islandia son los únicos países que cuentan con un marco legal que limita a un 2% la cantidad de grasas trans que usa en sus productos.

Aunque en España las cantidades de ácidos grasos trans en los alimentos son más moderadas, la preocupación está latente por el consumo masivo de comida poco saludable. Uno de los mayores problemas al respecto de las grasas trans lo causa el etiquetado. Un producto libre de grasas trans no tiene nada que ver con los que se anuncian 100% vegetal. Basta con que la etiqueta marque “parcialmente hidrogenado” para no tener la mínima duda de la presencia de grasas vegetales transformadas, es decir, trans. Son más saludables las monoinsaturadas (que proceden de las aceitunas, el aceite de oliva y los frutos secos) y las poliinsaturadas, cuyo origen más común son los aceites de maíz, soja y girasol. Aunque el Reglamento europeo 1169/2011, establece como obligatorio el etiquetado nutricional a partir del 2016, las grasas trans se quedan fuera de este etiquetado. Sin embargo, la asociación de consumidores Facua cree que debería ser obligatorio que el etiquetado de los productos refleje el porcentaje y tipo de grasas que contienen y que desde la Comisión Europea se apueste por normas que garanticen una mayor transparencia para proteger a los consumidores.

Aunque la cantidad de este tipo de grasas en una ración parezca insignificante, el consumo excesivo de comida rápida hace que la ingesta total se multiplique y, por tanto, también su peligro para la salud.
La Asociación Británica de Dietética ha elaborado una lista de productos donde es muy probable que se encuentren grasas parcialmente hidrogenadas. Son, además, alimentos que, como en el caso de las palomitas, se consumen de forma compulsiva. Sus grasas son absorbidas de inmediato.

  • Bollería industrial.
  • Comida para llevar.
  • Cremas.
  • Comida rápida, o fast food.
  • Fritos.
  • Galletas o pasteles.
  • Palomitas de maíz para el microondas.
  • Pastelería.
  • Patatas fritas de bolsa u otros aperitivos similares.
  • Pizza congelada.
  • Postres o helados.
  • Precocinados (empanadas, croquetas, etc.)

A muchos se les acaba “lo bueno” (según ellos…).

¡Recordad que “Juntos alimentamos la seguridad”!

ARSENICO EN EL ARROZ

¡Buenos días amig@s!

Buenos, pues últimamente nos centramos en las noticias “alarmistas”….que si la carne, que si las salchichas…¡Hoy toca el turno al arroz!

No sé si os habéis enterado, pero la Comisión Europea aprobó el pasado 25 de junio una modificación regulatoria que limita la cantidad de arsénico permitido en el arroz y el resto de productos derivados de este cereal. Esta limitación, que entrará en vigor el 1 de enero de 2016, se fija tras varios años de estudios y reclamaciones por parte de la comunidad científica. Esta ha dado la bienvenida a la nueva normativa, pero que la considera insuficiente (hay expertos que todavía consideran estos niveles permitidos demasiados altos).

En primer lugar ¿qué es el arsénico?. El arsénico es un elemento químico que existe en el medio ambiente producto de fuentes naturales y humanas que incluyen la erosión de rocas que contienen arsénico, las erupciones volcánicas, la contaminación de las minas, y de la fundición de minerales con el uso pasado o presente de pesticidas que contienen arsénico.

Existen dos tipos generales de compuestos de arsénico en el agua, la comida, el aire y la tierra: orgánicos e inorgánicos (juntos se conocen como “arsénico total”). Los tipos inorgánicos de arsénico son los que se han asociado más estrechamente con los efectos dañinos a largo plazo para la salud. De forma natural el arsénico inorgánico se encuentra en las aguas subterráneas, y su mayor amenaza para la salud pública reside en el uso de esas aguas contaminadas para beber, en la preparación de alimentos y en regar cultivos alimentarios. Así, el arsénico está presente en muchos alimentos, incluyendo los granos, las frutas y los vegetales en los que existe debido a su absorción en la tierra y el agua. Aunque la mayoría de las cosechas no obtienen fácilmente mucho arsénico de la tierra, el arroz es distinto porque obtiene el arsénico de la tierra y el agua más fácilmente que otros granos. Además, algunos mariscos contienen altos niveles de arsénico orgánico.

Aunque en ciertas regiones el aumento de la cantidad de arsénico ha sido debido al uso de ciertos plaguicidas, la mayor parte de este compuesto es de origen natural, ya que es un elemento que se encuentra en la corteza terrestre. Es importante saber que los productos “ecológicos” u “orgánicos” tendrían la misma cantidad de arsénico que otros que no lo son, debido a que el arsénico se encuentra naturalmente en la tierra y el agua. Los vegetales lo absorben independientemente de si crecen bajo prácticas agrícolas convencionales u orgánicas. La FDA no tiene información que muestre una diferencia en la cantidad de arsénico que se encuentra en el arroz orgánico versus el arroz no orgánico.

Los síntomas de una exposición prolongada a altos niveles de arsénico se observan en la piel con cambios de pigmentación, durezas y callosidades, y pueden ser precursores del cáncer de piel y otros tipos de cáncer como de pulmón y de vejiga.

Los primeros estudios que se realizaron sobre arsénico en arroz datan de 1998, pero no fue hasta 2009 que un estudio de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria relacionó el consumo de arsénico a partir de ciertas cantidades con un mayor riesgo de padecer cáncer de pulmón, de piel o de vejiga. Desde entonces diversos estudios han analizado los niveles de arsénico inorgánico en arroz y han detectado cantidades que pueden resultar perjudiciales para ciertos grupos de población. Según los estudios realizados, la mayor parte de la población Europea no se encuentra expuesta a un riesgo con los actuales niveles de arsénico detectados en el arroz. Sin embargo, se detectaron altos niveles de arsénico inorgánico en diversos tipos de productos derivados del arroz, tanto en EEUU como en Europa. Si se comparan los resultados obtenidos en ese estudio con los límites propuestos por el nuevo reglamento de la UE, “más de la mitad de los actuales productos infantiles derivados del arroz dejarán de ser legales”.

Durante los últimos años, varios grupos de investigadores han estado trabajando en formas de reducir los niveles de arsénico inorgánico del arroz. Una solución sencilla y asequible para eliminar gran parte de este compuesto consiste en cocinar el arroz mediante un proceso de percolación, uno de los fundamentos básicos de las cafeteras. Mediante este método los investigadores aseguran que es posible eliminar hasta el 85% del arsénico inorgánico. Los científicos también recomiendan lavar el arroz y cocinarlo con exceso de agua, siempre que vaya a ser consumido por niños menores de 3 años.

Sin embargo, estas técnicas de cocción solo ofrecen una solución para limpiar un arroz ya contaminado. Diversas investigaciones están buscando nuevas formas de reducir los niveles de arsénico en el origen, modificando las formas de cultivo o creando variedades transgénicas que absorban menos cantidad de arsénico. Sin embargo, “actualmente no existe ninguna solución eficaz a largo plazo”.

La Agencia Nacional Alimentaria de Suecia (NFA) ha recomendado que los niños menores de seis años no coman arroz o productos elaborados con arroz de manera frecuente: se aconseja que los niños no coman arroz más de cuatro días por semana.

¡Recordad que “Juntos alimentamos la seguridad”!

Pez escolar

PEZ ESCOLAR

¡Buenos días genteeee! Vamos con una de Pez Escolar.

Por todos es sabido que últimamente, cada vez está más de moda el consumo de pescado crudo. Sushi, sashimi, carpaccio…son muchas las recetas que incorporan el pescado sin tratamiento térmico, y que obviamente constituyen un mayor riesgo de cara al consumidor, por el hecho de que el modo de elaboración no permite destruir microorganismos y patógenos que sí destruiría el calor.

Pero además de la presencia de microorganismos, el tratamiento térmico influye en la composición del alimento. Últimamente se ha advertido de los riesgos del denominado PEZ ESCOLAR. La propia AECOSAN (Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición) ha publicado recientemente recomendaciones en cuanto a la aplicación de determinadas prácticas culinarias que reducen sus efectos así como la importancia de un correcto etiquetado e información al consumidor

¿A qué se deben los síntomas gastrointestinales capaz de ocasionar este pescado? ¿Al temido Anisakis?

Ya os hemos dado una pequeña pista al hablar de la “composición”. Vamos a explicar que ocurre con el este alimento:

En primer lugar conviene aclarar que hay dos tipos de pez escolar:

  • Pez escolar, de cuerpo alargado marrón oscuro, se le conoce como escolar (Ruvettus pretiosus)
  • Escolar negro (Lepidocybium flavobrunneum).

Ambas especies pertenecen a la familia Gempylidae. Este pescado posee un alto contenido en grasa (18-21%), la mayoría ésteres cerosos (un tipo de grasa que forma parte de la dieta natural de estos peces). Se ha comprobado que la ingesta de este pescado, también conocido como “pez del aceite de ricino”(en algunos establecimientos de comida japonesa MAL conocido de manera coloquial como pez mantequilla), puede provocar síntomas gastrointestinales que van desde leves de duración corta a otros más severos, con diarrea y náuseas, que pueden prolongarse de uno a dos días.  Las investigaciones realizadas hasta el momento aún no han determinado el mecanismo exacto por el que su ingesta puede producir problemas gastrointestinales, pero parece que este cuadro clínico no estaría asociado a toxicidad sino a una inadecuada digestión de los aceites.

Consumo de Pez escolar

No es posible fijar una cantidad de estos pescados cuyo consumo no cause síntomas. La AECOSAN recomienda atenciones especiales en ciertos sectores de la población como niños, ancianos, mujeres embarazadas y personas inmunodeprimidas. Pero mediante una preparación culinaria adecuada se puede reducir, según la sensibilidad de cada individuo.

  • Eliminar la mayor cantidad posible de grasa, retirar la piel y la grasa visible.
  • Es recomendable no utilizar estos pescados en preparaciones crudas.
  • Es preferible cocinarlos a la brasa o a la plancha, porque así se elimina el resto de grasa que haya podido quedar.
  • Si queda líquido de cocción tras cocinarlos a la plancha o cocidos, no debe usarse nunca este sobrante, ya que es donde se encuentra la mayor cantidad de grasa. Este líquido no debe emplearse para elaborar salsas o caldos.
  • Si es la primera vez que se consume, es preferible hacerlo en pequeñas cantidades.

Comercialización de Pez Escolar

Por otra parte,  la legislación autoriza la venta de estos pescados, pero sólo si se cumplen ciertas condiciones:

  • Los pescados se deben presentar siempre en forma envasada y/o embalada.
  • El etiquetado destinado al consumidor debe reflejar la siguiente información:

-Nombre común y nombre científico: La especie cuyo nombre científico es Ruvettus pretiosus admite los nombres comerciales de“Escolar”; “Escolar clavo” (en Andalucía), “Escolar rasposo” (en Canarias), “Llima” (en Cataluña) o “Cochinilla” (en Galicia). La especie llamada científicamente Lepidocybium flavobrunneum se denomina comercialmente “Escolar negro”; o “Escolar chino” (en Canarias).

-Modo de preparación o cocción adecuado.

-Riesgo relacionado con sustancias de efectos gastrointestinales adversos. Por ejemplo:

  1. Riesgo relacionado con la presencia de sustancias con efectos adversos gastrointestinales.
  2. Contiene ésteres cerosos naturales, que pueden provocar diarrea y otros síntomas gastrointestinales agudos.
  3. Este pescado puede causar molestias digestivas a algunas personas.
  4. Si usted come este pescado por primera vez, consuma sólo una ración pequeña para que pueda determinar su susceptibilidad a los efectos negativos de este pescado.
  5. Si usted sufre síntomas gastrointestinales después de comer este pescado, no lo vuelva a consumir en el futuro. Consulte a su médico si persisten los síntomas.

 

¿Habíais oído hablar de este pescado? Seguro que ahora lo miráis con otros ojitos…Esperamos haber resuelto vuestras dudas con referencia a este producto.

Cualquier consulta o comentario no dudéis en contactarnos.

Recordad que “Juntos alimentamos la seguridad“.

NITRATOS EN VEGETALES

¡Buenos días amig@s!

Todos conocemos los beneficies de un consumo habitual de verduras y hortalizas…pero ¿sabéis que tampoco nos podemos exceder por la presencia de nitratos en estos alimentos? Veo a alguno que ya se está frotando las manos..parece que tenéis la excusa perfecta para minimzar el consumo de “verde”. Pero bueno, tampoco hay que ser drásticos: ni mucho ni poco ¡en el término medio está la virtud! Vamos a explicaros en primer lugar que son los nitratos, que efectos adversos poseen y que dosis podemos llegar a consumir…

Los nitratos se encuentran de manera natural en los vegetales, especialmente en las hortalizas de hoja verde, como las espinacas y la lechuga. Los nitratos en sí son relativamente poco tóxicos. Su toxicidad viene determinada por su reducción a nitritos en nuestro cuerpo que, en altas concentraciones pueden originar metahemoglobinemia, cuyo signo más característico es la cianosis. Esta enfermedad afecta de manera especial a  bebés y niños de corta edad que están expuestos a altas concentraciones de nitratos a través de la dieta, denominándose a menudo el “síndrome del bebé azul”.

Conscientes de este riesgo alimentario, se han establecido a nivel europeo límites máximos de nitratos en lechugas y espinacas, así como en alimentos infantiles ( Reglamento 1881/2006, de 19 de diciembre de 2006, que establece niveles máximos de contaminantes en ciertos alimentos). Estos límites se están reevaluando actualmente en base a los datos de control recogidos en los últimos años. En algunos casos se ha comprobado que, a pesar de la aplicación de códigos de buenas prácticas agrícolas, no se consigue cumplir con los límites máximos para nitratos, especialmente en el caso de las espinacas frescas. Parece ser que mucha luz en los cultivos,  favorece el metabolismo de la planta fijando el nitrógeno en compuestos orgánicos nitrogenados, como aminoácidos, proteínas, clorofila, etc., lo que reduce el contenido de nitratos, de modo que cualquier factor que reduzca la intensidad luminosa o la velocidad de la fotosíntesis favorece la acumulación de los mismos en la planta. Por eso, los cultivos de invierno presentan concentraciones de nitratos superiores a los de verano y por la misma razón, los cultivos en los países del norte de Europa presentan niveles superiores a los que tienen lugar en la zona sur. Por la misma razón, los cultivos al aire libre tienen menor contenido en nitratos que los de invernadero.

El Panel de Contaminantes de la cadena alimentaria de EFSA ha publicado una declaración relativa a los posibles efectos en la salud de los lactantes y niños de corta edad por la presencia de nitratos en algunas hortalizas de hoja, como las espinacas y la lechuga. La declaración complementa una opinión científica sobre “nitratos en vegetales”, publicada por el mismo Panel en 2008, donde se comparaban los riesgos y beneficios del consumo de verduras y hortalizas.

El Panel de contaminantes de  EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria) afirma que los niveles de nitratos en lechuga no representan un riesgo para los niños. En el caso de las espinacas la situación es diferente; EFSA ha estudiado dos escenarios distintos de exposición y ha llegado a las siguientes conclusiones:

  • Lactantes (bebés de 3 a 12 meses): Es poco probable que el consumo de espinacas sea una preocupación para la salud, teniendo en cuenta que éstas formarían parte de la dieta como uno de los ingredientes del puré para bebés entre 6 y 12 meses. Sin embargo, EFSA reconoce que habría un riesgo en el caso de que se diese más de una ración de puré con espinacas al día (considerando que las espinacas constituyen el 50% del contenido de dicho puré).
  • Niños de 1 a 18 años: EFSA ha estudiado tres grupos de población de niños (1-3, 4-6 y ≥7 años), en los que las espinacas ya se pueden llegar a consumir como una ración completa, y ha determinado que la mayor exposición a nitratos se da en el segmento de 1 a 3 años. En este grupo no se descarta la ausencia de riesgo en situaciones extremas, como aquella en la que se combinan un alto consumo de espinacas con la presencia de niveles altos de nitratos en las mismas.

Por último, EFSA advierte de que el almacenamiento inapropiado de estas hortalizas cocinadas (preparación de los purés con más de un día de antelación y conservados a temperatura ambiente) puede dar lugar a la conversión de los nitratos a nitritos in situ, aumentando así el potencial de causar metahemoglobinemia. Además, los niños con infecciones bacterianas del tracto gastrointestinal son más sensibles a los nitratos, por lo que el Panel desaconseja alimentar a estos niños con espinacas.

Otras hortalizas de interés que pueden contener altos contenidos en nitrato son principalmente las acelgas. Las hortalizas de hoja ancha que se consumen a nivel europeo son principalmente lechugas y espinacas, de ahí que la declaración de EFSA se haya basado únicamente en éstas. Sin embargo, en España existe un consumo importante de acelgas, que dentro de la UE es casi exclusivo de nuestro país.

En cuanto al resto de hortalizas cabe destacar que las de mayor consumo, como puede ser la patata, zanahoria, tomate, pimiento, berenjena, calabacín, pepino, puerro, etc. presentan unos niveles de nitratos muy bajos si se comparan con la lechuga, espinaca y acelga.

La Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda introducir las verduras en forma de puré a partir de los 6 meses, evitando en los primeros meses las espinacas, col y remolacha, porque pueden ser causa de metahemoglobinemia por su contenido en nitratos; recomienda introducir estas verduras a partir de los 12 meses

Para un consumo medio de acelgas con un nivel medio de nitratos es poco probable que exista una preocupación para la salud; sin embargo, como ocurre con las espinacas, en casos de consumo elevado de acelgas se reconoce que habría un riesgo.

A modo de ejemplo: un puré que contenga un 20% de acelgas como ingrediente, considerando que éstas contienen un nivel medio de nitratos, supondría una aportación del 60% sobre la ingesta máxima de referencia que ha utilizado EFSA en su opinión. A esto hay que añadir los nitratos aportados por los demás ingredientes, que aunque contengan menos cantidad, se suman a los aportados por la acelga.

Como consecuencia de esta situación, las recomendaciones de consumo aplicables a la espinaca deben ser extendidas a la acelga por la importancia que tiene su consumo en nuestro país. Ello teniendo en cuenta que la composición de los purés está formada por varias hortalizas que también aportan, aunque mucho menos, nitratos.

Teniendo en cuenta las conclusiones de EFSA sobre nitratos en hortalizas, así como los hábitos de consumo y las recomendaciones de los pediatras en España, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición hace las siguientes recomendaciones de consumo con el objetivo de disminuir la exposición a nitratos en las poblaciones sensibles (bebés y niños de corta edad):

  • Se recomienda, por precaución, no incluir las espinacas ni las acelgas en sus purés antes del primer año de vida. En caso de incluir estas verduras antes del año, procurar que el contenido de espinacas y/o acelgas no sea mayor del 20% del contenido total del puré.
  • No dar más de una ración de espinacas y/o acelgas al día a niños entre 1 y 3 años.
  • No dar espinacas y/o acelgas a niños que presenten infecciones bacterianas gastrointestinales.
  • No mantener a temperatura ambiente las verduras cocinadas (enteras o en puré). Conservar en frigorífico si se van a consumir en el mismo día, si no, congelar.
  • Conviene recordar que cuando se comparan los riesgos/beneficios de la exposición de nitratos por el consumo de hortalizas prevalecen los efectos beneficiosos reconocidos por su consumo. En cualquier caso, una alimentación variada y equilibrada es una de las bases de una alimentación adecuada y saludable.
  • Pero en cualquier caso se trata de recomendaciones de consumo y que están dirigidas a grupos específicos de la población.Cualquier consulta o comentario no dudéis en contactarnos.

 

¡Recordad que “Juntos alimentamos la seguridad”!